El insomnio es un trastorno que afecta a muchas más personas de lo que parece. Es muy común sobre todo a medida que la edad avanza, pero también por las responsabilidades o los problemas, que muchas veces son los culpables de generar su aparición. Basta con sufrirlo una semana para notar las consecuencias que tiene sobre tu cuerpo.
De entrada, notarás que has perdido totalmente el ritmo de sueño por lo que te llevará un mínimo de 30 minutos conciliarlo. Y si no eres capaz de frenarlo, este tiempo estimado no hará más que aumentar. Además, verás que tu sueño se corta, es mucho menos profundo por culpa de las interrupciones, y para colmo, te despertarás antes de lo habitual.
Todo esto tiene consecuencias sobre el cuerpo, que empieza a notarlo especialmente cuando acarreas 7 días con ello. La primera sensación es de resaca. Como si te hubieran dado una paliza. Tu cuerpo no descansa y al haberlo hecho siempre el golpe es brutal. Con el tiempo, si el insomnio permanece, curiosamente el cuerpo se acostumbra y aunque esté cansado no es algo que se note tanto como en la primera semana. Los padres primerizos, por ejemplo, sufren algo parecido en las primeras semanas del recién nacido.
Este cansancio tiene una consecuencia evidente por el día: la somnolencia hace que el rendimiento tanto físico como mental disminuya en efectividad de forma aplastante. Verás que te equivocas más, que estás más patoso, que no tienes capacidad para pensar con claridad y atender, etc. Esto son síntomas de los mejores casos; para los peores, a éstos se añade el dolor de cabeza permanente prácticamente y especialmente la ansiedad y la irritabilidad del carácter.
El caso es que la cadena no para de crecer y acaba afectando hasta a la alimentación porque te quita el apetito o por el contrario te hace comer a todas horas, se genera angustia en la zona intestinal y puede derivar en molestias, y tu cabeza no para de dar vueltas al asunto por lo que los problemas se agravan.
Es importante pararlo con ayuda externa, técnicas de relajación o cualquier otro método que no incluya medicación, de la que debes mantenerte alejado en la medida de lo posible, para evitar que el cambio en el patrón del sueño sea definitivo porque de lo contrario afectará a tu rendimiento y a tu salud para siempre.
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