Una contractura es una lesión leve. Ni siquiera, si la tratamos convenientemente, tendría que hacernos parar en nuestra actividad deportiva. Pero también es molesta. Para que una contractura no vaya a más, nos permita seguir entrenando y no nos dé demasiado la lata, hay una serie de medidas que podemos tomar. Además hay varias medidas que se focalizan en el apartado de la previsión.
Antes de comenzar con la lista, hay que realizar dos aclaraciones importantes: cuando decimos que puede no impedirnos seguir con nuestra actividad física, obviamente, nos referimos a un entrenamiento que no cargue más la zona afectada: si tenemos una contractura en el gemelo, no se nos ocurra hacer running.
Y otro detalle a comentar, es que, aunque sea algo leve, siempre es mejor ir al médico. Los trucos caseros pueden servir para un día, pero, a la postre, siempre es mejor que lo vea un profesional, por ejemplo, porque hay veces que de la contractura se puede pasar al desgarro, y eso ya sí es algo más preocupante.
1. Frío – calor
En la ducha, nos apuntamos con la alcachofa a la zona afectada (a unos 10 o 15 centímetros) y, en círculos, aplicamos, alternativamente, agua fría-caliente-fría-caliente-fría. Alrededor de cinco segundos de cada.
2. Calentamiento
Este consejo es para prevenir, que, como ya sabemos, siempre es mejor que curar. Y nos sirve, además, para destacar otra vez la importancia del calentamiento previo y los estiramientos posteriores a cada entrenamiento.
3. Postura
Otra de previsión, y dirigida especialmente a los que trabajan sentados delante de un ordenador (porque no hace falta ser deportista para que aparezcan contracturas, es más, las contracturas en la espalda en los trabajadores son muy comunes). Debemos preocuparnos por mantener siempre una buena posición que, básicamente, consiste en tener la espalda recta. Si trabajas desde casa, una buena silla (aunque sea un poco cara) es una excelente y necesaria inversión.
4. Crioterapia
Consiste en aplicar frío. Después de entrenar, de estirar, de ducharnos… Aplicaremos hielo en las zonas más proclives a sufrir una contractura. Y si no sabemos cuáles son (y no nos apetece buscarlo, ya que variarán dependiendo del entrenamiento) lo aplicaremos en las zonas que notemos más cargadas. Si, por ejemplo, lo que hacemos habitualmente es carrera, los gemelos serán una de las partes más afectadas. Si nos gusta el ciclismo, sufrirán los cuádriceps.
5. Gel recuperador
Los estiramientos, la crioterapia y la alternancia de frío y calor podemos acompañarla con un gel recuperador.