La dieta del ayuno intermitente se está haciendo un hueco poco a poco entre las personas que deciden perder unos kilos a través de un cambio del hábito alimenticio. Sus defensores creen que el ayuno es una herramienta más para desintoxicar el cuerpo, eliminar toxinas que se quedan en nuestro cuerpo con el tiempo y perder unos kilos.
Es probable que todo esto sea así, pero antes de elegir hacerlo, hay que saber si todos estos objetivos se consiguen de forma saludable o no mediante el ayuno. Por eso, te presentamos las ventajas e inconvenientes para que puedas tomar tu propia decisión al respecto:
Pros
Que el ayuno ayuda a adelgazar es obvio. Dejar de comer irremediablemente lleva a la perdida de peso. Provoca hambre y el organismo necesita tirar de todo lo que queda en él para producir energía así que tira de la grasa acumulada de manera que también permite la reducción de grasa.
Además, su éxito como mecanismo de desintoxicación reside en que al estar liberado el organismo de todas las funciones duras que requiere comer, como son la digestión de los alimentos, éste se dedica a funciones de autolimpieza del mismo. De hecho, limpia de toxinas el cuerpo ya que al tirar de cualquier sustancia como fuente de glucosa momentánea acaba con esas toxinas que se habían quedado de forma residual en el cuerpo. Dicen sus defensores que al fin y al cabo el ayuno activa los mecanismos defensores del cuerpo de manera que ayuda a superar cualquier tipo de dolencia.
Contras
Sus pros están muy bien porque si lo que uno quiere es adelgazar lo normal es que lo consiga. Otra cosa es si ayunar es saludable o no. Para los expertos endocrinos y nutricionistas, en su inmesa mayoría, no desayunar es un grave error que puede tener consecuencias nefastas para la salud.
De entrada, es la comida más importante del día porque es la que te da la energía necesaria para abordar el día con garantías. Si encima se tiene una agenda dura por delante con actividad deportiva de por medio que es lo que se recomienda, ayunar puede acarrear mareos, náuseas y síntomas de debilidad que acaben en desfallecimientos por la falta de nutrientes necesarios en el organismo para mantener el ritmo.
Además, el desayuno regula el hambre. Es el termómetro del hambre para el cerebro, de modo que si ayunas tu mente se pasará el resto del día pidiéndote comer más y más, y esto no es algo fácil de aguantar para el ser humano, que suele caer a las órdenes de su mente. Y es que el cerebro necesita glucosa para poder funcionar así que para él desayunar se convierte en un tema de suma importancia.
Todo esto suele generar una situación de estrés innecesaria que suele derivar en un mal humor notable y es una incapacidad para concentrarse. Ambas cosas suelen derivar de nuevo en el consumo excesivo y a toda velocidad cuando decidimos acabar con el ayuno, de manera que destrozamos el ciclo alimenticio, que salta por los aires por culpa del ayuno.
Más allá de las percepciones personales y subjetivas, lo que es una evidencia objetiva es que a día de hoy no hay estudio científico que demuestre que ayunar es saludable, y cualquier médico experto en la materia te lo desaconsejará por completo si bien la decisión final es únicamente personal. Si te decides por probarlo, lo recomendable es experimentar primero haciéndolo un solo día para valorar las sensaciones que uno tiene cuando no toma nada durante la mañana.
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